sábado, mayo 11, 2013

The Myth of Success


The consumers are the workers and salaried employees, the farmers and petty bourgeois. Capitalist production hems them in so tightly, in body and soul, that they unresistingly succumb to whatever is proffered to them. However, just as the ruled have always taken the morality dispensed to them by the rulers more seriously than the rulers themselves, the defrauded masses today cling to the myth of of success still more ardently than the successful. They, too, have their aspirations. They insist unwaveringly on the ideology by which they are enslaved. The pernicious love of the common people for the harm done to them outstrips even the cunning of the authorities.

Theodor W. Adorno

sábado, abril 13, 2013

Ser culto y ser maestro


El hombre –tendencias filosóficas actuales, novísimas, lo afirman a través del genio de Martin Heidegger– no es solamente un intelecto. El hombre es inteligencia, pero también sentimiento, y anhelo metafísico, y sentido religioso. El hombre es un compuesto; de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los intelectuales. Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo; ser culto es llenar fichas acerca de una disciplina que se cultiva con preferencia, pero también emocionarse con una música o un cuadro, o descubrir el íntimo secreto de un verso o de un niño.

Y aún no he logrado precisar qué debe entenderse por cultura; los ejemplos resultan inútiles. Quizá se comprendiera mejor mi pensamiento decantado en este concepto de la cultura: la actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visión de la realidad.
Así tiene que ser el maestro.

...

El maestro debe llegar a la cultura mediante un largo estudio. Estudio de lo exterior, y estudio de sí mismo. Aristóteles y Sócrates, de ahí las dos actitudes. Uno, la visión de la realidad a través de sus múltiples ángulos; el otro, la visión de sí mismo a través del cultivo de la propia personalidad. Y, esto hay que creerlo, ambas cosas no se logran por separado. Nadie se conoce a sí propio sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lectura y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo.

La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse una mañana y decir: "Soy culto". Puede, sí, decir: "Sé muchas cosas", y nada más. La mejor prueba de cultura suele darla aquel que habla muy poco de sí mismo: porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan  de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso, y que sólo en lo más puro, lo más bello, lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios.


Julio Cortázar: Esencia y misión del maestro.

miércoles, marzo 13, 2013

Frank


Frank wanted to save lives. He joined the army hoping to become a paramedic and help soldiers injured in combat. But then he thought about his wife and kids. He thought that what he wanted was to save lives and not to take them just because he would be ordered to. When he realized this, he talked to his captain, who told him he didn't need to be in the service to help others, to be useful to the community as he wanted to. And so Frank got into the Community College, which coincidentally was training the same group of soldiers he would have been a part of.
He became a paramedic and worked with the Emergency Response teams for several years. When he is asked about how he got into it, he says it was destiny. He didn't have to go to war. He thinks about the veterans, and how they never get to be the same when they return. He wonders what would have happened to him, if he would still be out there in combat facing death. Cause he says no matter what, no matter how long you have been doing this, there is so much you get to see, that you can never get used to it. Deep down, there is always something that hurts. Even when we have to be tough, he says, we are still human beings, we have feelings.
Now he drives a bus. He says it was too much pressure, and there is nothing like being happy, living happy and relaxed. And every single morning, like he has done for the past two years, he stops, a minute sooner, a minute later, at the designated places and greets his passengers with a big smile and tells them stories, with an enthusiastic voice that sounds like he is really glad and thankful to be alive for one more day. And you can almost see the shining of his bright pure soul reflected in the rearview mirror, as he drives away while you try to catch some sleep during the morning commute.

martes, marzo 12, 2013

The shape of god




Homer and Hesiod have attributed to the gods everything which brings shame and reproach among men: theft, adultery and fraud.

But mortal men imagine that gods are begotten, and that they have human dress and speech and shape.

If oxen or horses or lions had hands to draw with and to make works of art as men do, then horses would draw the forms of gods as horses, oxen like oxen, and they would make their gods' bodies similar to the bodily shape that they themselves each had.

The Ethiopians say their gods are snub-nosed and black-skinned, the Thracians that they are blue-eyed and red-headed.

Truly the gods have not revealed to mortals all things from the beginning; but mortals by long seeking discover what is better.

Xenophanes of Colophon

martes, enero 29, 2013

Caer como un valiente


Yo soy de los que creen que el ser humano está condenado de antemano a la derrota, a la derrota sin apelaciones, pero que hay que salir y dar la pelea y darla además de la mejor forma posible, de cara y limpiamente, sin pedir cuartel (porque además no te lo darán), e intentar caer como un valiente, y eso es nuestra victoria.

Roberto Bolaño

domingo, enero 27, 2013

Del otro lado de la reja está la realidad


Del otro lado de la reja está la realidad, de

este lado de la reja también está

la realidad; la única irreal

es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien

si pertenece al mundo de los vivos, al

mundo de los muertos, al mundo de las

fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o

        de la producción.

Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel

cuerpo, ese vaso de vino, el amor y

las flaquezas del amor, por supuesto, forman

parte de la realidad; un disparo en

la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos

gritos irreales de dolor real de los torturados en

el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía

cualquiera

son parte de la memoria, no suponen necesariamente

el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente

es la reja cuadriculando el cielo, el canto

perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz

fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso

        cubriendo la Patagonia

porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como

la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia

estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia

del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro

como los designios de todo un pueblo que marcha

        hacia la victoria

o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,

        a rescatar lo suyo, su

realidad.

Aunque parezca a veces una mentira, la única

mentira no es siquiera la traición, es

simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Paco Urondo
Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

viernes, diciembre 07, 2012

Medidas extraordinarias



Hay que tomar medidas extraordinarias. Medir, por ejemplo, la distancia entre dos corazones. Su capacidad volumétrica en el amor. Medidas necesarias, como la circunferencia de un abrazo, el ángulo de inclinación respecto a la horizontal de los amantes, el coeficiente de viscosidad de los besos. Tomar las medidas pertinentes, como la duración inexacta de un silencio, la distancia recorrida por una nota desde el labio que la silba hasta que deja de escucharse. Medidas extremas, como el tiempo que tarda la lluvia en volverse recuerdo, la vida media de una mirada. Medidas correctivas, como la aceleración de los latidos al verse, la velocidad a la que no viaja la oscuridad. Medidas de tendencia central, y lateral, y trasera y delantera. Medidas del error, medidas del acierto sobre todo. Medidas de inseguridad, medidas de descontrol. Medidas de prevención y de lamento. Tomarle la medida. En la medida de lo imposible. Medidas por medidas, medidas por medir nomás. Y con la vara de la mesura ser desmedido.

miércoles, diciembre 05, 2012

Ocho



El olor a plástico barato de mis tenis nuevos en tercero de primaria. Un campamento. Caminar bajo la lluvia. Dormir en el suelo. Las estrellas en el cielo de una ciudad a oscuras. Las luces en las casas de los cerros, como estrellas en el cielo de una ciudad a oscuras. Los charcos bajo los columpios después de llover. Algún libro con la foto de Niel Armstrong. Un gato en una caja de zapatos. Una banda de rock con instrumentos de cartón. Una dona y un refresco por cincuenta pesos cada uno. El chofer del autobús. La permanencia voluntaria en las únicas películas del cine del barrio. El estudio de mis primos lleno de tesoros. Más plástico barato comprado a última hora para forrar los libros. Mi bolsa de los lápices con un cochecito. No llevar el uniforme el día de la ceremonia. No hacer la tarea. El libro de cuentos sobre el niño que no le tenía miedo a nada. Las reuniones y los mítines del partido. Un presidente con orejas de ratón y una bolsa de dinero, en la parte trasera de una camioneta con altavoces. Los sándwiches y el café. La misa de una y la resbaladilla de caracol detrás de la iglesia. La puertita a la que siempre me aventaban. Los carritos de plástico del mercado de los jueves. Un viaje en carretera y todos vomitando por las curvas.
Ocho años y una vida por delante. Lo recuerdo así.

Feliz cumpleaños, Helado Oscuro.

domingo, noviembre 18, 2012

Las Criaturas de Sócrates



Pero en lugar de liberarse a fuerza de renuncias, inmóvil como un cadáver que teme golpear con la frente el techo de su tumba, aquel hombre había comprendido que el destino no es más que un molde hueco donde derramamos nuestra alma, y que la vida y la muerte nos aceptan como escultores. Aquel desocupado imitaba alternativamente a su padre el marmolista y a su madre la comadrona: ejerciendo funciones de comadrona, ayudaba a las almas a parir, y como marmolista, cubierto de objecciones como si fueran polvo de mármol, extraía de los tiernos bloques humanos una efigie divina. Su sabiduría múltiple como los aspectos de las cosas le compensaba los gozos del libertino, los triunfos del atleta, los excitantes peligros del buscador de aventuras en el mar de la casualidad. Siendo pobre, gozaba de las riquezas que hubiera poseído si no se hubiera dedicado a ganancias invisibles; siendo casto, paladeaba cada noche el sabor de los desenfrenos que hubiera podido ofrecerse si le hubieran parecido provechosos para Sócrates; siendo feo, gozaba con inocencia de la belleza precisa que el azar había otorgado a Cármides, de manera que el cuerpo casi grotesco donde el destino había alojado a su alma no era sino una de las formas, no más importante que otras, del Sócrates infinito. Semejante a la del dios que tal vez crea los mundos, su porción de libertad eran sus criaturas. Había comprendido que el torbellino que movía mis pies descalzos se emparentaba con la inmovilidad de sus secretos éxtasis: yo lo he visto de pie, indiferente a los astros que daban vueltas sin aumentar su vértigo, forma negra y recogida sobre la noche ática, soportar sin desfallecer el cierzo atroz y helado que sopla de las profundidades de Dios.

Marguerite Yourcenar: Fedón o el Vértigo

domingo, noviembre 11, 2012

Todo vuelve


Sí, las palabras vuelven. Todo vuelve, las cosas y las palabras avanzan en círculo, a veces atraviesan el mundo entero, siempre en círculo, y luego se vuelven a encontrar, se tocan y cierran algo.

Sándor Márai