Durante siglos, tal vez milenios, los mundos dentro de este mundo han estado en guerra. Es la guerra de un dios contra otro, que finalmente son el mismo con distinto nombre. Es la guerra del que tiene los billetes verdes contra el que tiene aceite para engrasar y hacer funcionar las máquinas que los producen. La guerra del que quiere contra el que tiene y puede. Del hambriento contra el obeso; para que a fin de cuentas ambos terminen destruyéndose. Siempre es la misma historia.
La historia universal es el tribunal del mundo. Schiller
De pronto un día te levantas sintiéndote bien, con una sonrisa en el rostro. El mundo ha dejado de ser ese lugar gris y terrible, aunque esté nublado, aunque el tráfico esté igual de pesado. Te gusta el mundo a pesar de su fealdad. Es tal vez como el amor, cuando te llegan a gustar los defectos de tu enamorado(a). Es tal vez amor al mundo. O es tal vez la cantidad de chocolate que ingeriste la noche anterior.
Entonces ella dice: eres un idiota Kent. Y en realidad su nombre no es Kent, sino Romualdo o Reynaldo o algo parecido, pero todo el mundo lo conoce como Kent y así lo llaman, aunque nadie sabe por qué. Sólo Kent conoce la razón de ser Kent, y ahora ella le dice idiota.
Ella tampoco se llama Roxy. Roxy se raspó las rodillas una vez; Kent le puso merthiolate rojo que eventualmente las tiñó de rosa y fué soplando poco a poco y hacia arriba para aliviar el ardor que al llegar al pubis se volvió jadeos y Roxy con los dedos hundidos en sus cabellos, por momentos oprimiéndole con ambas manos la cabeza hasta dejarle las orejas rojas.
Sólo le responde que se vaya de una vez, y que se queda con los gatos, quienes miran todo desde el sofá, tendidos y lamiéndose las patas.
Eres un idiota, dice, y él se queda con los gatos. Y los gatos miran al idiota Kent y a la falsa Roxy que se va, lamiéndose las patas, muy tranquilos y seguros de que al menos un idiota se los queda para darles de comer.
Dices estar cansado de vivir. Pero cada minuto, cada segundo que pasa mueres un poco. Cada oportunidad que dejaste pasar, cada cosa que no hiciste, que dejaste de hacer, que olvidaste hacer; cada persona que abandonaste, cada vez que te fuiste, cada vez que callaste, cuando no sonreíste: en todas y cada una de ellas has muerto un poco. Has muerto más de lo que has vivido. Deberías estar cansado de morir.
En cada mil pensamientos de los sabios, se encuentra con frecuencia un error. Y en cada mil pensamientos de los locos se encuentra alguna vez una verdad.
Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad simplemente. ... Jamás podemos olvidarnos de nosotros mismos y nuestros problemas envuelven a los demás y los deforman.
Fragmento de Tajimara, de Juan García Ponce Del libro La Noche
No sé si lo que escribes lo escribes para mí. No creo, y no me importa demasiado (sólo lo suficiente para escribir esto). Sé que lo que escribo, cuando escribo, ya no es para tí (sólo esto, una pequeña excepción de vez en cuando).